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Balada del boludo (poema de tono sentimental)

12/06/2009

Por mirar el otoño

perdía el tren del verano.

Usaba el corazón en la corbata.

Se subía a una nube

cuando todos bajaban.

Su madre le decía:

no mires las estrellas para abajo

no mires la lluvia desde arriba

no camines las calles con la cara,

que ensucias la camisa;

no lleves tu corazón bajo la lluvia,

que se moja;

no des la espalda al llanto

no vayas vestido de ventana

no compres ningún tílbury en desuso. (carruaje de dos ruedas)

Mira tu primo el recto (de conducta irreprochable)

que duerme por las noches.

Mira tu tío el justo (imparcial, equitativo)

que almuerza y se sonríe.

Mira tu primo el probo (íntegro, honrado)

puso un banco en el cielo

tu cuñado el astuto

que ahora alquila la lluvia

tu otro primo el sagaz (astuto, prudente)

que es gerente en la luna.

—Tienes razón, mamá—

dijo el boludo.

Y se bebió una rosa.

—No seré más boludo.

Y se bajó del viento.

—Seré astuto y zahorí. (de mirada aguda, penetrante)

Y dio vuelta una estrella para abajo.

Y se metió en el subte.

Y quedaron las gaviotas en el río.

Entonces vinieron los parientes ricos

y le dijeron:

—Eres pobre, pero ningún boludo.

Y el boludo fue ningún boludo,

y quemaba en las plazas

las hojas que molestan en otoño

y llegó fin de mes

cobró su primer sueldo

y se compró cinco minutos de boludo.

Entonces vinieron las fuerzas vivas (grupos que impulsan la economía)

y le dijeron:

—Has vuelto a ser boludo.

—Boludo.

—Seguirás siendo siempre el mismo boludo.

—Seguirás siendo el mismo boludo de siempre.

—Seguirás siendo un boludo siempre.

Debes dejar de ser boludo.

—Boludo.

Y, medio boludo

con esos cinco minutos de boludo

dudaba entre ser ningún boludo

o seguir siendo boludo para siempre.

Dudaba como un boludo.

Y subió las escaleras para abajo

hizo un hoyo en la tierra (zanja)

miraba las estrellas

la gente le pisaba la cabeza

le gritaba boludo

y él seguía mirando

a través de los zapatos

como un boludo.

Entonces,

vino un alegre y le dijo:

—Boludo alegre.

Vino un pobre y le dijo:

—Pobre boludo.

Vino un triste y le dijo:

—Triste boludo.

Vino un pastor protestante y le dijo:

—Reverendo boludo.

Vino un cura católico y le dijo:

—Sacrosanto boludo.

Vino un rabino judío y le dijo:

—Judío boludo.

Vino su madre y le dijo:

—Hijo, no seas boludo.

Vino una mujer de ojos azules y le dijo:

—Te quiero.

Isidoro Blaisten (Publicado en el número 41 de la revista El escarabajo de oro.)
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