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Las bengalas, la seguridad y el rol del Estado

12/05/2011

Bengalas

Desde Cromañon que hay algo que me molesta mucho, y no podía llegar a identificar exactamente qué era. Primero me chocó el amarillismo y sensacionalismo barato con que los medios hegemónicos decidieron concentrar todas las coberturas en el dolor, odio, resentimiento y ansias de venganza de los familiares de las víctimas. Me molestó el circo romano que aullaba pidiendo que el César bajara el pulgar a todas las cabezas de turco que pudieron encontrar. Me indignó la destitución injustificada, sucia y hartera de Ibarra (con la complicidad abyecta de la izquierda en pleno). Y me irritó sobremanera la hipocresía mayúscula de una sociedad entera que se rasgaba las vestiduras porque las cosas fueran como eran. Repasemos un poco:

* El lugar tenía mucha más gente de la que debía tener. Señores, desde al menos mediados de los ’80 se consideraba (y yo misma lo dije más de una vez) que si un lugar no estaba a reventar literalmente era un fiasco, un fracaso y un aburrimiento. Esa noción comenzó a revertirse recién después de los 194 muertos.

* La salida de emergencia estaba cerrada desde afuera con candado. Un despropósito, por supuesto, pero avalado por la otra concepción (aun vigente) que supone que los negros de mierda se van a colar, y entonces tenés que inhabilitar toda otra abertura que facilite esa “estafa”. Lógica que también se aplica para el 40% de los hogares argentinos: aquellos en los que pusieron reja hasta en el inodoro, puertas blindadas con otra reja con llave a continuación y alarmas que se activan con las polillas nocturnas. Dígame, señora-señor que ha convertido su hogar en un búnker fortificado, ¿tiene usted matafuegos en su casa? Si hay un incendio, ¿cuánto tarda en abrir puertas y rejas para poder escapar? Sus instalaciones de gas y electricidad, ¿están absolutamente en regla? Las medidas supuestamente necesarias para alcanzar una pretendida “seguridad” son, muchas veces, contradictorias entre sí, o extremadamente caras, o insufriblemente incómodas.

* Ingresaron y prendieron bengalas dentro del lugar. Caramba, las bengalas se comenzaron a usar desde principios de los ’80. Y hasta poco tiempo antes de Cromañon los relatores (sobre todo de fútbol) alababan el marco “imponente” que aportaban al espectáculo. Todos los que hemos ido a recitales sabíamos (y sabemos, aunque muchos se hagan ahora los sotas) que el uso de bengalas tenía riesgos y nos cuidábamos de alejarnos del pelandrún que las prendía, pero también admirábamos el clima y escena que creaban. Eran, ciertamente, parte de una liturgia, aunque más de uno hubiera ya resultado herido, no solo por las bengalas, sino también por treparse a cualquier lado, tirarse desde el escenario, meterse donde no debía, etc.

* Los músicos tendrían que haber controlado al público. Esa es una de las afirmaciones más estúpidas que escuché en toda mi vida. ¿Desde cuándo se supone el artista es un conductor de masas? ¿Acaso suponen que los músicos son profetas/mesías a los que el público obedece ciegamente? Es una afirmación que esconde un profundo desdén por el público rock, hermanada con sentencias como “van por el chori y la coca”, “voto de baja calidad”, “votan el escudito”, etc, etc, etc. Por supuesto, este asunto tiene también su costado gorila-xenofóbico, pero no es el aspecto que me interesa destacar. Entonces, simplemente afirmo que no hay ningún público en la Argentina que le vaya a hacer ciegamente caso a lo que diga un artista. Los Redondos han frenado recitales porque 10 estúpidos estaban trepados a la parrilla de luces sobre el escenario (unos 20 o 30 metros de altura), con lluvia. No solo los estúpidos no se bajaron, sino que tuvieron que reanudar la actuación ante la sublevación del resto del público que razonaba “que estos idiotas se mueran, yo quiero el show”.

Y la última, y es la que efectivamente me revuelve las tripas:

* El Estado, la organización, o alguien (quien sea, pero algún otro que no sea yo) tiene que GARANTIZAR la ABSOLUTA SEGURIDAD. Y acá hablamos de una “seguridad” muy amplia y acomodaticiamente entendida. Porque el foco hoy está puesto en las bengalas (“¡que prohíban las bengalas!”), pero podría estar puesto en cualquier otra cosa: desodorantes, porque podrían usarse como lanzallamas; llaves, zapatos, cinturones, porque pueden ser usados como objetos contundentes o cortante; talco, porque podría ser ántrax; y así hasta donde quiera la imaginación llegar. Pero esto es extremadamente acomodaticio porque lo cierto, concreto y comprobable es que la principal causa de muerte (¿de inseguridad?) en Argentina son… los accidentes de tránsito. Sin embargo, a nadie escuché pidiendo que prohíban los autos… ¡ni siquiera piden exámenes más estrictos para las licencias de conducir! Entonces… ¿en qué quedamos?

A mi humilde entender, quedamos en que cuando no le puedo echar la culpa a otro la culpa la tiene ¡el Estado! (el viejo “piove, governo ladro”). ¿Y por qué no le podían echar la culpa a nadie? Porque, en mi opinión, todas y cada una de las 194 víctimas (y sus padres, en el caso de los menores), son co-responsables de la tragedia (vieron que el lugar estaba hasta las manos, vieron que no había salidas, que había pirotecnia, etc, etc. Y eligieron quedarse). Pero esto es algo que muy pocos están dispuestos a asumir. Casi nadie, ni siquiera los liberales ortodoxos que tanto exaltan al individuo, están dispuestos a asumir que, en muchos aspectos, son los individuos los únicos responsables de sí mismos.

¿Cuál es el alcance de esta afirmación? Simple: el Estado debe garantizar el pleno ejercicio y goce de los derechos (civiles, políticos, sociales, culturales, económicos…) para todos y todas. Punto. Nunca más ni nunca menos que eso. Es decir que el Estado debe garantizar educación, salud, igualdad de oportunidades, trabajo, vivienda digna, alimentación… Pero el Estado NO debe decirme cómo tengo que vivir, ni a qué lugares tengo que ir, ni cómo me tengo vestir, o pensar, o hablar… Es decir: el Estado NO es mi papá o mi mamá. NO quiero un Estado paternalista. Como adulta tengo que ser consciente de mis obligaciones y de las consecuencias de mis actos. Si cometo un delito sé que hay posibilidades de que vaya a la cárcel; si voy a 180 km/h pueden ponerme una multa, y también me puedo matar o matar a otros.

El Estado debe garantizar ciertas condiciones mínimas de seguridad (por supuesto, todas las que involucran a los aparatos represivos del Estado), y proponer y sancionar marcos legales claros en los que se tipifiquen las conductas delictivas, las sanciones, etc. También debe promover la sensibilización y concientización de la población, incluir estos contenidos en sus espacios educativos, realizar campañas de promoción, regular y controlar los espacios que le competen… y todo eso ya es mucho. Pero si se sigue por este camino “lloricón” van a terminar pidiendo que el Estado vaya y audite las heces de cada ciudadano para controlar que tenga buena digestión. El ejemplo mayúsculo de este despropósito es que el suicidio sea considerado un delito, ¡el suicidio! ¡decisión personal si las hay!

En resumidas cuentas, creo que es hora de que como sociedad asumamos la responsabilidad que nos corresponde y dejemos de pedirle la escupidera permanentemente al Estado, sobre todo cuando la oposición se cansa de decir que son tiranos y fachistas, y al mismo tiempo le exigen que controle más todo. Como sociedad es a todos y cada uno de nosotros a los que nos corresponde hacernos cargo de nuestra seguridad diaria individual, tomando las decisiones responsablemente y asumiendo los riesgos que consideramos que vale la pena asumir y no otros.

Y tampoco seamos tan inocentes y cagones: Vivir solo cuesta vida.

PD: en el caso del muerto en el recital de La Renga no hay nada que discutir, el pibe que tiró la bengala es el autor material de un homicidio culposo y tiene que ir en cana. Yo me baso en Cromañon porque en ese caso el único que no está condenado es el autor material del hecho: la “ira popular” reemplazó al responsable con los otros cabeza de turco que encontró (Callejeros).

One Comment leave one →
  1. carolina permalink
    08/07/2011 12:06

    sabes que pasa? es muy facil decir: pero si todos hacemos lomismo!!! entonces? que hacemos? lo dejamos asi? como decis, son adultos, deben hacerse cargo, que por su negligencia, murieron 194 personas, anibal ibarra sabia que el lugar no estaba en regla, le habia llegados 3 informes al respecto que el eligo dejar de lado, es mas, la ciudad auspiciaba ese recital, en el que invitaban a llevar tu trapo y tu bengala (promo de la banda). callejeros no es una cabeza de turco, me gustaria que te informaras mas y mejor. tenes lamitad de la informacion (o solo eso queres dejar ver, no se, nada es inocente).
    mi hermano fallecio ahi, yo estuve a las 00, buscandolo hasta las 6 de la mañana. no tenes idea de la inoperancia y los maltratos que pasamos las miles de personas, que esa noche corriamos buscando anuestros seras amados, que en definitiva se murieron porque callejeros vendio mas de las entradas que podian, porque ibarra dejo la zona liberada, porque el estado no tenia las herramientas necesarias a nivel salud. porque la seguridad de callejeros puso ese candado que no dejo que los chicos salieran. estoy totalmente de acuerdo con que cada individuo es responsable de si mismo. ellos eligieron quedarse, y murieron. callejeros, ibarra, chaban, policias, inspectores, etc, etc. eligieron tambien. que se hagan cargo y se coman doblada las consecuencias de sus actos. como lo tuvo que hacer mi hermano

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