Skip to content

Negra de Alma

Hay quienes no pueden con su genio, y a quienes constantemente escuchamos decir cosas como “¡Y qué querés! ¡Si son unos negros…!”, y generalmente estas expresiones se refieren a personas que, más allá del color de su piel, son eminentemente pobres.

Algunas veces, estos xenófobos y sociófobos endémicos se dan cuenta de lo repudiable de su expresión. Y entonces lo quieren “arreglar”, y entonces dicen: “Negros de mente, quiero decir… que eso es peor…”

sin palabras…

****

Palabras de otros

***

“El diálogo participa, vincula. También separa. Pero con argumentos. Por eso es tan difícil. Si ni siquiera es fácil la coincidencia plena de dos cuerpos sin alguna dosis de concesión o de hipocresía. Por eso no hay que presumir la hipotética felicidad que resultaría invariablemente del diálogo. No todo se puede dialogar. Anverso y reverso, civilización y barbarie, dominador y dominado, no dialogan. Ni antropófago ni fagocitado. ¿Acaso pueden dialogar el cielo y el infierno? […]

El empate en los asuntos humanos no existe. Si nunca hay empate entre lo que se desea y lo que se consigue, ni en lo que se desea de lo que suponemos que deseamos. Tampoco hay empate en el amor, en las creencias y en las guerras. Ni en la paz. El diálogo ideal sería que confrontaran igual calidad de argumentos. Pero no existe balanza salomónica que los pese. Y si existiera la balanza la sobornarían con tal de quedarse con la última palabra. Y si Salomón se quejara lo acusarían de sembrar ‘crispación’. Sobra más gula de oposición que de consenso. Y para el diálogo hay menos oídos que lengua.” (Orlando Barone)

***

Historias de la emigración (José Saramago)

Que tire la primera piedra quien nunca haya tenido manchas de emigración ensuciándole el árbol genealógico… Tal como en la fábula del lobo malo que acusaba al inocente corderito de enturbiarle el agua del riachuelo donde ambos bebían, si tú no emigraste, emigró tu padre, y si tu padre no necesitó mudar de sitio fue porque tu abuelo, antes que él, no tuvo otro remedio que irse, cargando la vida sobre las espaldas, en busca del pan que su tierra le negaba. Muchos portugueses murieron ahogados en el río Bidasoa cuando, noche oscura, intentaban alcanzar a nado la orilla de allá, donde se decía que el paraíso de Francia comenzaba. Centenares de miles de portugueses tuvieron que someterse, en la llamada culta y civilizada Europa de más allá de los Pirineos, a condiciones de trabajo infames y a salarios indignos. Los que consiguieron soportar las violencias de siempre y las nuevas privaciones, los sobrevivientes, desorientados en medio de sociedades que los despreciaban y humillaban, perdidos en idiomas que no podían entender, fueron poco a poco construyendo, con renuncias y sacrificios casi heroicos, moneda a moneda, centavo a centavo, el futuro de sus descendientes. Algunos de esos hombres, algunas de esas mujeres, no perdieron ni quieren perder la memoria del tiempo en que tuvieron que padecer todos los vejámenes del trabajo mal pagado y todas las amarguras del aislamiento social. Gracias les sean dadas por haber sido capaces de preservar el respeto que debían a su pasado. Otros muchos, la mayoría, cortaron los puentes que los unían a las horas sombrías, se avergonzaron de haber sido ignorantes, pobres, a veces miserables, se comportan, en fin, como si una vida decente, para ellos, solo hubiese comenzado verdaderamente el día felicísimo en que pudieron comprar su primer automóvil. Esos son los que estarán siempre dispuestos a tratar con idéntica crueldad e idéntico desprecio a los emigrantes que atraviesan ese otro Bidasoa, más ancho y más hondo, que es el Mediterráneo, donde los ahogados abundan y sirven de pasto a los peces, si la marea y el viento no prefieren empujarlos hasta la playa, mientras la guardia civil no aparece para levantar los cadáveres. Los sobrevivientes de los nuevos naufragios, los que pusieron pie en tierra y no fueron expulsados, tendrán a su espera el eterno calvario de la explotación, de la intolerancia, del racismo, del odio por su piel, de la sospecha, de la humillación moral. El que antes había sido explotado y perdió la memoria de haberlo sido, explotará. El que fue despreciado y finge haberlo olvidado, afinará su propia manera de despreciar. Al que ayer humillaron, humillará hoy con más rencor. Y ahí están, todos juntos, tirándoles piedras al que llega a la orilla de acá de este Bidasoa, como si nunca hubiesen emigrado ellos, o los padres, o los abuelos, como si nunca hubiesen sufrido de hambre y de desesperación, de angustia y de miedo. En verdad, en verdad os digo, hay ciertas maneras de ser feliz que son simplemente odiosas.

4 comentarios leave one →
  1. 19/06/2011 21:59

    Webeando llegué hasta aquí. Me quedaré un rato largo. Me ha gustado mucho lo que veo y escucho. Mientras escribo esto, escucho la entrevista a Miguel Rep. Ahora recuerdo…. puse “Miguel Rep” en el buscador de etiquetas. Y ya el nombre del blog me gustó. 🙂
    Me suscribiré…

  2. analia permalink
    20/11/2011 17:18

    Hola!! mi nombre es Analia, queria saber si como hipotesis propia podria poner, que sobre esta censura de la que habla el texto, los medios de comunicacion,tienen mucho que ver , sobre todo cuando de alguna manera la ocultan, o intentan que pase desapercibida…. puedee ser o me desviee mucho???????

    • negradealma permalink*
      20/11/2011 20:46

      Los medios de comunicación tienen todo que ver, Analía. Este texto se refiere a ellos en particular.
      Saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: